


Gracias a su sublime elegancia es una de sus esculturas más valoradas, junto al retrato ecuestre de Colleoni, y una representación típica del preciosismo y el gusto por lo exquisito de la Florencia del siglo XV, frente a la rotundidad de formas del siglo XVI romano.
Por otra parte, la ambiguedad de la expresión de su cara, será un arquetipo de gran influencia, especialmente en la pintura de Leonardo da Vinci, discípulo de Verrocchio.
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