domingo, 17 de octubre de 2010

La escultura egipcia: el canon de 18 puños (Hesiré, relieve en madera, 2668- 2589 a C.)




La civilización egipcia se distinguió no solamente por sus asombrosas realizaciones arquitectónicas, sino también por la calidad de sus logros escultóricos, manifestados a través de una producción enormemente abundante: desde esculturas colosales (como la famosa Esfinge de Gizeh o las figuras sedentes de Ramsés II en Abu-Simbel) hasta obras de tamaño natural o figurillas diminutas. Por otra parte, junto a las obras de bulto redondo abundan igualmente los relieves, con los que se decoran los muros de muchos edificios. La razón de esta situación ha de buscarse en el hecho de que la escultura tiene sobre todo una finalidad funeraria, asociada a las prácticas religiosas. Pôdría decirse que estas obras no están pensadas para representar la vida en si misma, sino más bien para servir de soporte del alma en la vida eterna.


Se caracterizan las esculturas egipcias de casi todos los periodos por la clara presencia de un canon, de una norma compositiva que regula cómo deben ser realizadas las obras. Como ideal de este canon debemos considerar una figura humana puesta en pie, en la cual la longitud total del representado (desde el centro de la frente hasta la planta del pie) guarde una determinada proporción, exactamente la de 18 veces la medida del puño cerrado. Es lo que se denomina "canon de los 18 puños" que sólo en época ya muy tardía, a partir del siglo VII a. C., sería sustituido por otro de 21 puños, que alargaba más las figuras.
Amén del canon, y en lo que al bulto redondo se refiere, otros claros rasgos caracterizan a la escultura egipcia: acusada frontalidad y simetría (de forma que casi siempre podemos dividir a la obra en dos partes muy semejantes), la tendencia a la actitud estática e hierática y el escaso interés por el detalle.

Por otra parte, y en lo que al relieve hace referencia, resulta una característica básica lo que se denomina "visión rectilínea" de la figura, en la cual el ojo (sólo uno de ellos) y el torso están representados de frente al espectador, mientras que la cabeza y las cuatro extremidades aparecen de perfil. esta norma es compartida también por las representaciones pictóricas.

Armada con estos elementos compositivos, la antigua escultura egipcia nos ha dejado un legado abrumador. Dejando a un lado el relieve (muy abundante en los templos), la gran mayoría de las estatuas procede de las tumbas. Con ello podemos concluir que toda esta ingente obra estaba directamente relacionada con la otra vida, en la creencia de que ésta sí tendría un carácter eterno. Por esta razón, los detalles carecían de importancia... sólo lo esencial permanecería.

1 comentario:

Gabriela Fuentes dijo...

Hola, podrías decirme de dónde tomaste la información acerca de las porporciones en el canon del cuerpo humano del arte egipcio. Gracias